domingo, 12 de febrero de 2012

La gran ilusión

Los ojos abiertos de par en par, como un niño, lleno de ilusión.

Me quedé con la mirada de un niño, estaba jugando en un parque, jugaba con tierra, hojas y una pequeña ramita con la que hacía garabatos, las líneas marcadas en el suelo eran inconexas pero su trazo era firme y hermoso; del otro lado estaba su abuela mientras no perdía detalle de lo que su nieto hacía, mientras tanto yo, miraba y sonreía. Nada podía ser tan bello, tan natural y tan espontáneo.

Tenía prisa, mucha prisa, pero quise detener el tiempo y me senté en aquel parque, pensé en el único fin de aquel niño que marcaba una y otra vez sobre la tierra, en el mismo lugar donde estaba sentado, donde disfrutaba y donde pasaba su tiempo. Tiempo del cual, nosotros, los adultos huimos, tiempo que se nos escurre entre los dedos pensando en otros asuntos que son cuanto menos, nuestro propio obstáculo para volver a tener ese sentimiento de niño.

Hoy sentí la gran ilusión de volver a ser como él.

La mirada cariñosa de su abuelita, me hizo pensar en la cantidad de cosas que debían pasar por su cabeza, la cantidad de sentimientos, de belleza acumulada en un fragmento de su vida, de recuerdos y porqué no, de anhelos. Seguía escuchando lejanas melodías de primavera, sentí que quise ser niño, sentí la pureza de esos locos bajitos, llenos de energía, de felicidad cuando corren, cuando garabatean sobre calquier superficie, cuando atrapan los sueños y cuando se asombran ante pequeñas historias mágicas. Es difícil describir la hermosa armonía del tiempo en la cabecita de un loco bajito, pero a la vez es una sensación locamente agradable.

Escuché la llamada de su abuela, el niño levantó su cabeza y marchó corriendo hacia ella, le dió de beber de su pequeña botellita de agua, mientras le acariciaba el cabello, el niño, poco después, le respondió con un fuerte abrazo, lleno de espontaneidad y de frescura, salió corriendo hacia el lugar donde acariciaba la tierra haciendo garabatos firmes, a los cuales yo no alcanzaba a ver. No podía pensar en nada más, sentí una gran felicidad, una gran ilusión… volver a ser como un niño.

Nos ocultamos detrás de corazas inútiles, de sentiminetos engañosos, de pensamientos falsos e hipócritas y nos olvidamos de lo que una vez fuimos. Un niño es siempre verdadero… con el tiempo, decimos que somos adultos; ¿Seguro?…

Hoy sentí la gran ilusión de volver a ser como un niño.

El autobús a mis espaldas encendía el motor, giré la cabeza, debía darme prisa si no quería perderlo… me acerqué hasta el niño y pude leer un “Te quiero, mamá“, sus garabatos en el suelo eran hermosos, pero su mensaje… su mensaje… me dejó sin aliento; sintió mi presencia, nos miramos y tan sólo llegué a hacerle un ademán con la mano queriendo decirle un tímido “hola”…, me fuí corriendo hacia el autobús y una vez sentado en el vehículo, mientras me alejaba de aquel lugar, veía partir el sueño y los recuerdos de mi niñez, de esos tiernos momentos junto a mi padre, jugando en el sofá, haciendo pequeños garabatos en hojas de papel, esa fragancia única que no me abandonará jamás.

La gran ilusión de ser niño, es no crecer, y cuando sucede, hacerlo con inmenso amor, respeto y comprensión, para que nos acompañe por el resto de nuestros días.

Dedicado con todo mi amor, a mi hijo Santi
.

viernes, 10 de febrero de 2012

Respira hondo…

Cuando caminas y miras al horizonte, los edificios, nuestro paisaje, el de cada día… despiertan unos sentidos que nos hace fundirnos en el gran misterio de esto que llamamos VIDA.

Estoy aquí y respiro hondo…

Veo la vida pasar, y cada paso que doy por el mismo lugar, el de cada día, me doy cuenta de que el simple hecho de estar, es una gratitud inmensa hacia esta VIDA llena de cosas malas y buenas, pero que me hacen sentir tan vivo.

El tiempo pasa, pero lo importante es hablar y estar. Un mundo nuevo llenará de esperanza mi corazón, por que todo a nuestro alrededor es hermoso, está lleno de vida y en constante movimiento, brotará el sol de tu pecho, nada es tan malo, nada….

Quiero decirte que en mi, hay un millón de historias bonitas para contarte,
y esas historias son las del día a día, que la vida camina y mientras caminas, respiras hondo…

Cuando las cosas no van bien, cuando parece que todo a nuestro alrededor se nos desploma como una gran gigante hecho de plumas, me doy cuenta que sigo caminando por la misma acera, miro al horizonte y veo el mismo paisaje; ellos están ahí, están ahí conmigo y contigo, es inevitable sonreir por que siento que las cosas ni son tan malas ni tan buenas… simplemente SON.

Quédate siempre conmigo, quédate a mi lado para caminar, quédate a mi lado para VIVIR eternamente, aunque hoy sea mi último día, aunque hoy toque morir…

Respiro hondo…

Siento una brisa fresca caminando por la calle, y de repente sentí ganas de sentarme a esperar pasar el tiempo y conté hasta 100, miré a mi alrededor y todo seguía igual, comencé a ser un poco más feliz por que compartí el tiempo con la frescura de detenerlo cuando yo quise, de abrir los ojos, fijarme en millones de detalles imperceptibles, fué una bendición el sentir un silencio tan
hermoso, en esa calle, la calle de todos los días, los detalles pequeños, pero que son los más grandes de mi corazón ¿Qué más puedo encontrar?.

Observa a tú alrededor, libera tu mente y te darás cuenta que si disfrutas de TÚ PRESENTE, todo será más bello y tomará un nuevo sentido, un rumbo lleno de esperanza.

Me levanto, veo lo bueno, lo malo… me levanto y respiro hondo…

Respira hondo, llena tú alma de aire fresco y sonríe…

¡¡ESTÁS AQUÍ!!